Acuíferos y manantiales

El ciclo del agua es inmutable. Una parte del agua de lluvia que alcanza la superficie terrestre se convertirá en escorrentía superficial y circulará por arroyos hasta ríos más caudalosos, que la devolverán de nuevo a embalses, mares y océanos, desde donde continuará el ciclo. Otra parte se infiltrará en el terreno, y se acumulará en él, por donde se moverá muy lentamente, hasta encontrar tarde o temprano una salida de nuevo a la superficie terrestre: son los manantiales, los rebosaderos de los grandes almacenes subterráneos de agua, los acuíferos. El proceso de alumbramiento de una gota de agua desde su precipitación puede durar meses, décadas, siglos e incluso milenios.

Sin embargo, el agua, salvo raras excepciones, no circula en el mundo subterráneo a través de grandes corrientes o de cursos subterráneos de trazado caprichoso, como cree intuir el saber popular. El agua que se almacena bajo la superficie terrestre impregna y satura las rocas permeables ocupando sus poros y fisuras, desde la base de la formación rocosa que la almacena hasta un determinado nivel (zona saturada) denominado nivel freático, por encima del cual la roca no contiene agua (zona no saturada).

A estas formaciones geológicas capaces de almacenar y transmitir agua subterránea se les denomina acuíferos. Son formaciones productivas de las que puede obtenerse agua mediante adecuadas obras de captación, como pozos, sondeos o galerías. Puede ocurrir que una formación geológica sea capaz de almacenar agua, pero no la transmite, no se mueve en su interior, y, por tanto, no permite extraerla, no es un acuífero, se denomina acuícludo.

Resulta fácil comprender el funcionamiento de los manantiales si lo imaginamos como un simple desagüe o rebosadero de un acuífero o embalse subterráneo, de manera que si el embalse se mantiene a su nivel máximo el manantial arrojará el excedente que no puede almacenar, rebosaría por el manantial, pero, si el nivel baja de la cota del manantial éste se secaría. Esto explica que, a veces un manantial permanezca seco durante un cierto período de tiempo, y más tarde vuelva a funcionar, generalmente después de un ciclo climatológicamente húmedo.

Por su naturaleza, existen dos grandes tipos de acuíferos: acuíferos detríticos y acuíferos carbonatados o kársticos. Los terrenos que conforman los acuíferos detríticos están constituidos por materiales granulares, generalmente nada o poco cementados, suelen ser gravas, arenas y limos, y en ellos el agua se acumula en los poros o intersticios existentes entre los granos y partículas de sedimento. Buenos ejemplos de este tipo de acuíferos en la provincia son la Vega de Granada y la Hoya de Guadix. Los manantiales de estos acuíferos suelen ser poco espectaculares, ya que generalmente constituyen cubetas sedimentarias de relieve llano (vegas) en las que las aguas se aprovechan mediante pozos o sondeos. Las aguas de estos acuíferos suelen ser de calidad muy variable, en ocasiones baja, y están estrechamente relacionadas con la naturaleza de los materiales por los que circula, ya que el agua permanece más tiempo en el subsuelo y lava materiales que pueden tener un cierto grado de salinidad natural.

El modelo hidrogeológico de los acuíferos carbonatados es totalmente diferente. Las calizas y rocas afines no son permeables por naturaleza; prácticamente carecen de porosidad intergranular. Sin embargo, son rocas muy compactas que suelen estar fracturadas y, sobre todo, karstificadas. La karstificación es un proceso natural por el cual la roca caliza se disuelve lentamente por la acción de las aguas meteóricas, como la lluvia y la nieve, lo que provoca intersticios, huecos, oquedades e incluso cavidades, tanto en la zona exterior del macizo rocoso como en su interior. Los procesos de karstificación de un macizo rocoso carbonatado se ven favorecidos, además, si este está fracturado, ya que la disolución avanza de manera selectiva y con mayor rapidez por la percolación de aguas hacia el interior del macizo a través de los planos de fractura. Se habla así de acuíferos por fisuración y karstificación. En la provincia de Granada, donde afloran rocas carbonatadas en abundancia, existen innumerables buenos ejemplos de este tipo de acuíferos, entre los que cabría destacar la sierra de la Peza, de Padúl o Sierra Elvira, entre otros muchos. Estos acuíferos drenan aguas de excelente calidad, a veces a través de manantiales espectaculares, y en ocasiones alumbran el nacimiento de importantes ríos. Estos manantiales suelen caracterizarse, además, por variar su caudal en relación directa con las precipitaciones que soporta su área de recarga, a veces con respuestas casi inmediatas, de modo que aumentan su caudal tras fuertes precipitaciones y lo disminuyen en períodos de sequía.

Acuífero detrítico. (IGME-CSIC)
Acuífero Kárstico. (IGME-CSIC)

Los materiales geológicos cuya naturaleza no es detrítica ni carbonatada son impermeables o de baja permeabilidad, salvo excepciones debidas a circunstancias geológicas muy particulares. Estos materiales son los que sellan, aíslan o compartimentan los distintos acuíferos. En la provincia de Granada afloran especialmente dos tipos, los esquistos metamórficos del macizo de Sierra Nevada y las margas y margocalizas de los relieves subbéticos. En ocasiones, determinadas formaciones geológicas de carácter impermeable, debido a la concurrencia de una serie de factores y circunstancias muy especiales, pueden albergar manantiales.

Del conjunto de unidades hidrogeológicas productivas de la provincia de Granada, el Camino Mozárabe de Santiago en Granada transita por las siguientes (una descripción más detallada de las características de cada unidad puede verse en las etapas correspondientes):

Acuíferos en la ruta del Camino Mozárabe en Granada. (Nubia)